Del Estado de Derecho al Estado de Deshecho.

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Que idílico recuerdo el de aquella sagrada frase que leía por primera vez en mis tiempos mozos de la Facultad de Derecho en la Universidad de Alicante : España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.

Así empieza el articulado de nuestra Carta Magna, de la Constitución española de 6 de diciembre de 1978. Estado de Derecho… precioso; vivir en un Estado de Derecho debería implicar que todo ciudadano, con independencia de su capacidad económica, influencias y posibilidades, debe estar sujeto, como el resto de los mortales, al imperio de la Ley. Y que también los poderes públicos, “el Leviatán” que decía Hobbes, deben respetar la legalidad como límite en su actuación a los derechos y libertades individuales de los ciudadanos.

Que lejos ha quedado todo aquello. Aquel mundo sensato de conceptos como la justicia, la libertad, la igualdad, que uno absorbía sesudamente embelesado. Después los años, la experiencia y muy especialmente los tiempos que vivimos convierten muchas veces en papel mojado principios que deberían sustentar y marcar el rumbo de la sociedad española.

Lo peor de toda esta historia es que hay todavía, a pesar de todas las tropelías y casos de corrupción que vivimos día si y día también, quienes desde la cultura del clientelismo político, el servilismo de vasajalle y el relativismo moral, entiende normal aplicar o no la Ley, según quien sea el afectado.

Un ejemplo reciente de tolerancia social a la corrupción. Ayer los medios se hacían eco de que un grupo de militantes populares iniciaban una campaña de recogida de firmas para pedir el indulto de expresidente de la Diputación y del PP de Castellón, Carlos Fabra. Un tipo condenado, finalmente y tras resolución del Tribunal Supremo, a cuatro años de prisión por cuatro delitos fiscales. Dichos recolectores de firmas aducen, literalmente, que Fabra “es una persona honesta y trabajadora, que ha cumplido con sus compromisos”; ya ven, ¿que tipo de compromisos habrá cumplido con ellos? vayan ustedes a saber. Honesto y trabajador juzguen ustedes mismos, afortunado desde luego que si, después de haberle tocado supuestamente siete veces la lotería, más de 2.200.000 euros en premios desde el año 2000.

Pero oigan, ahí tienen a esos  esforzados militantes del PP recabando firmas para su indulto, y quien sabe si más adelante para su beatificación o canonización, nunca se sabe pues cosas más extrañas se han visto en este “bendito” país.

El Estado de Derecho es incompatible con que las diferentes Administradores y poderes públicos hagan cumplir la ley o no según quien es el aludido, ya sea Don Tomás o Tomás “na más” que decía la canción. Y esto vale tanto para hacer cumplir una ordenanza de ocupación de vía pública, comercio, o urbanismo en un Ayuntamiento, como para las más altas instancias del Estado.

Porque si aquellos que tienen la obligación no sólo de cumplir la Ley, sino de hacer que se cumpla, no son los primeros en dar ejemplo, no estamos hablando de democracia, sino de oligarquía feudal disfrazada con piel de cordero; la Ley de la Selva, de los fuertes frente a los débiles, del pez más grande que se come al chico; reino animal en estado puro, democracia no.

Además de acabar con la tolerancia social a la corrupción y el clientelismo político, para garantizar que el Estado de Derecho funcione y haga valer la máxima de que todos los ciudadanos somos iguales ante la Ley, necesitamos una Justicia (con mayúsculas) independiente, acabar con privilegios propios de otros regímenes como el aforamiento y unas cosas cuantas más; pero eso, como dijo alguno “es otra historia” y da para unos cuantos artículos más.

En nuestras manos está, con nuestro voto en las urnas y con la actitud que tenemos en la esfera de cada uno con la corrupción política y social, la de luchar por dejar a nuestros hijos un país en el que rija el Estado de Derecho, o mirar hacia otra lado y que España termine convertida, más pronto que tarde al paso que va, en Estado de Deshecho.

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Del Estado de Derecho al Estado de Deshecho. | El blog de David Devesa.

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