Paseo por las reliquias en Roma (la Sagrada Familia y San Juan de Letrán)

Antes de hablar de las reliquias de la Pasión en Roma, convendría preguntarse qué fue de los padres del Cristo.

De San José no queda nada, apenas un suspiro. Literalmente, un suspiro. Consérvase encerrado en una botellita, una botellita que un ángel depositó en una iglesia francesa, en Blois, donde fue venerada hasta que un papa se hizo con ella. La llevó a Roma, la depositó en el Sancta Sanctorum y las últimas noticias que tenemos del suspiro de San José son que se guarda en el Vaticano.

¿Dónde? En algún lugar del Arcano Archivo de las Reliquias, que es, llámese así, el Banco de Reliquias de la Santa Madre Iglesia. Después de siglos de abusos, no se autoriza ninguna reliquia que no haya pasado por las manos del Arcano Archivo de las Reliquias y autentificado por sus gestores.

La piazza di San Pantaleone. La iglesia no llama demasiado la atención.

La Madre, la Virgen María, tuvo peor suerte que San José. En la iglesia de San Pantaleo (Pantaleone) en la plaza que lleva su nombre, tocando al Corso Vittorio Emmanuelle II, se conserva la mitad de la Virgen María, quizá algo menos. Es dogma de fe católica que la Virgen María ascendió a los cielos en cuerpo y alma, pero se dejó un buen trozo abajo. O eso, o las reliquias son falsas, porque en San Pantaleo(ne) se conservan, atención, un brazo de la Virgen y su hígado, en las habitaciones de San José de Calasanz, y también su corazón y su lengua, en otras dependencias. Contando que en Florencia existe otro brazo de la Virgen, que lo he visto yo, y que me da que hay más trozos aquí y allá… Pobre mujer.

Peor lo tiene San Juan Bautista, primo del Cristo, del que se conservan sesenta y dos dedos de la mano aquí o allá y yo mismo mismamente habré visto más de una docena sólo en Italia.

Dejemos a la familia, centrémosnos en Jesús y comencemos por la reliquia más grande de Roma.

La Escalera Santa, cubierta de madera en el siglo XVIII.

La reliquia más grande de Roma, en cuanto a tamaño, es la Escala (o Escalera) Santa, los veintiocho peldaños que subió Jesús el Viernes Santo para ser juzgado por Poncio Pilatos. Los mandó traer a Roma Santa Helena, la madre de Constantino, el emperador romano que hizo de Roma un imperio cristiano. Son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y quedan justo al lado de San Juan de Letrán (o Laterano). Las pinturas que decoran el pasillo donde está la Escalera Santa son obra de Prospero Orsi, llamado Prosperino el Grotesco, porque era bajito y porque ganó mucho dinero pintando cuadros absurdos (grotescos).

San Juan de Letrán, gran depósito de maravillas.

En San Juan de Letrán, tocando a la Escalera Santa, se conservan y veneran, atención, las columnas del Templo de Salomón que sostenían el velo que cubría el Arca de la Alianza y que se rasgaron cuando murió el Cristo. Están en el atrio.

También se conserva en el lugar la Santa Mesa donde se celebró la Última Cena, aunque no es la única Santa Mesa que se venera hoy en día. Como mínimo, existe otra Santa Mesa en España. También se conservan y veneran en esta basílica (parte de) las servilletas de la Última Cena (sic), al menos una espina de la Corona de Espinas y el Clámide, una capa con que los soldados romanos disfrazaron al Cristo, para burlarse de Él. También conservan parte del Clámide en la basílica de Santa María (Mayor) y en la iglesia de San Francisco á Ripa.

También se conserva y venera en San Juan de Letrán parte del letrero que mandó colocar Pilatos en la Cruz (donde escribió I.N.R.I.), la Esponja con la que bañaron Sus Heridas, un manto o velo con el que se cubrió el Cuerpo de Cristo todavía crucificado (se veneran tres de estos mantos, sólo en Roma), un Santo Sudario (una Sábana Santa, como la de Turín, y que también se cita como auténtica por la Santa Madre Iglesia), sangre y pneuma de Cristo, la que manó cuando fue atravesado por una lanza.

De la lanza, llamada Santa Lanza o Lanza de Longinos, se venera el mástil y parte de la punta en San Pedro en Vaticano y el resto de la punta, en París, aunque también existen puntas de la Santa Lanza en Núremberg, en Estambul y en algún rincón de Armenia. Se dice (no se ha confirmado) que las partes veneradas en Roma y París coinciden y formarían una sola pieza.

En fin, de todo un poco, sin dejarnos una Verónica de la docena y media de Verónicas que se veneran en las iglesias católicas de medio mundo. ¡No está nada mal el depósito de San Juan de Letrán!

Luis Soravilla

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