“Por el Valle de la Muerte…” La Carga del ALCÁNTARA

 

 

“La Carga De La Brigada Ligera” (Tennyson)
“¡Adelante, Brigada Ligera!”
¿Algún hombre desfallecido?
No, aunque los soldados supieran
Que era un desatino.
No estaban allí para replicar.
No estaban allí para razonar,
No estaban sino para vencer o morir.
En el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos…”
Julio César, Napoleón, el almirante Nelson… son muchos los héroes y personajes ilustres que alberga la historia. Sin embargo, probablemente habría que pensar un poco más para poder enumerar alguno español, y es que, aunque los hay a cientos, parece más sencillo fijarse en los extranjeros. Pero, aún con todo, existen, y un ejemplo de ello es el Regimiento “Alcántara” 14 de caballería, una unidad española que, durante la gran matanza de Annual, cubrió la retirada de sus compañeros a costa de la muerte de casi todos sus integrantes.
Para hallar la heroica actuación del “Alcántara” es necesario retroceder en la historia hasta uno de los episodios más trágicos para nuestro país: la Guerra del Rif. Esta se inició aproximadamente en 1.912 cuando se cedieron oficialmente a España unos 20.000 km cuadrados de territorio Marroquí cerca de Melilla. En ese momento comenzó la discordia, pues las tribus rifeñas se levantaron contra los españoles en una guerra que vería su final muchos años después.
El episodio que llevó a los jinetes del “Alcántara” a morir se desarrolló a partir de 1.920. Ese año, el comandante general de Melilla, Manuel Fernández Silvestre, avanzó por el territorio rifeño con la intención de llegar a la ciudad de Alhucemas. En el trayecto, pretendía someter a los rebeldes haciendo uso de la política de mano dura. Pero el plan no salió como se esperaba y comenzaron las dificultades, favorecidas entre otras cosas por el precario equipamiento de los soldados españoles y una mala política de blocaos (pequeñas fortificaciones a las que era muy dificultoso suministrar agua).
 
El calvario había comenzado, los rifeños, liderados porAbd el-Krim, tomaron las posiciones españolas de Abarrán (donde pasaron a todos los españoles por la gumía) como preludio a la masacre que se avecinaba. Por otro lado, el comandante Julio Benítez tomó el territorio de Igueriben en un intento de seguir avanzando sobre el Rif, pero ya era tarde: Sus tropas quedaron cercadas. Ante el asedio, Silvestre salió de Melilla con todos los efectivos posibles en su ayuda. Sin embargo, Benítez no logró resistir y su posición cayó. La suerte estaba echada.
Las noticias no eran halagüeñas: Tras el desmoronamiento de Benítez 18.000 rifeños cercaron el campamento de Silvestre en el territorio marroquí de Annual. Además, la moral de los 5.000 españoles atrincherados en el lugar no podía ser más baja y los soldados se dejaron llevar por el pánico. Esto obligó al oficial a tomar la decisión de que sus hombres abandonasen el campamento y huyeran hasta Melilla. Entre gritos de pánico y miedo, los soldados españoles iniciaron una retirada caótica el 22 de Julio de 1.921 que sin duda habría costado la vida a muchos militares de no ser por la ayuda de los héroes del Alcántara.
Abd el Krim acosa a la desorganizada columna que intenta escapar hacia Melilla abandonando a su suerte a heridos y enfermos. Aquello es una matanza inaudita, y millares de soldados abandonados por jefes y oficiales corren despavoridos, atormentados por la sed, intentando ponerse a salvo… Los soldados se retiraron de forma tan desorganizada que corrían el riesgo de ser aniquilados. El Regimiento “Alcántara” –todavía se encuentra intacto y bien mandado– entró entonces en escena cuando se le ordenó cubrir dicha retirada (desbandada, más bien), en el camino de Dar Dríus a El Batel y Monte Arruit. Así, los casi 700 jinetes tomaron parte en la contienda realizando múltiples cargas para proteger a sus compañeros. Juan Luis Sanz y Calabria, coronel jefe del Regimiento de Caballería Acorazada “Alcántara” Nº 10 (la misma unidad que protagonizó los heroicos hechos hace casi 100 años), explica que, para los jinetes, todo comenzó “un caluroso Julio de 1.921”. Según el coronel, el día 22 la unidad “salió muy de mañana a acompañar y proteger un destacamento que iba a ocupar una posición que impedía que se cortara el paso de Izumar -un desfiladero en territorio del Rif-. Mientras se ejecutaba la protección, se ordenó la evacuación de la posición de Annual con más de 5.000 hombres y el General 2º Jefe mandó que el Regimiento cubriera la retiradaAntes de que diera tiempo a llegar a Izumar, se encontraron con una avalancha que huía en tropel y completo desorden y que eran tiroteados desde las alturas”.
 
Fernando Primo de Rivera
De acuerdo con el coronel Sanz, en ese momento los jinetes tomaron la decisión de proteger a sus compañeros a toda costa. “El Teniente Coronel Fernando Primo de Rivera, jefe accidental del “Alcántara” (y hermano del Teniente General del mismo apellido), vio como el enemigo trataba de cortar el paso a los que huían, por lo que reunió a sus Oficiales y les dijo que era el momento de sacrificarse por la Patria. A partir de ese momento comenzó la actuación heroica del RegimientoPrimero se calmó a los que huían y se puso algo de orden obligándoles a marchar entre la formación del Regimiento, sin rebasarla, para protegerles del fuego que recibían desde las cotas inmediatas. El “Alcántara” comenzó a enviar pequeñas partidas a ocupar las alturas y desalojar al enemigo, que evitaba la confrontación directa. Una vez pasó la columna de Annual, se continuó haciendo fuego sobre el enemigo y acabando con él en su totalidad hasta la llegada a Ben Tieb, donde dejaron a los soldados heridos de la columna de Annual que habían transportado en la grupa de los caballos”, afirma el coronel.
El 23 fue el día más duro para la unidad: “Se ordenó al Regimiento que se dirigiera a cubrir a las tropas de Ababda, Ain Kert, Azib de Midar, Cheif, Karra Midar y Tafersit”. En ese momento, los jinetes se dividieron en secciones para poder cubrir un mayor terreno y participar en todas las retiradas posibles de las diferentes “columnas” de soldados españoles que huían. 700 caballeros tuvieron así que dar protección a más de 5.000 de sus compañeros hasta llegar a la ciudad segura de Drius.
Una de las primeras de estas columnas que entró en combate fue la de Cheif, la cual fue duramente atacada. Los jinetes del Alcántara encargados de su protección no lo dudaron y cabalgaron en su ayuda. “El Teniente Coronel Primo de Rivera salió con los Escuadrones al galope haciendo varias cargas, llegando al cuerpo a cuerpo y persiguiendo con fuego al enemigo para aniquilarlo o dispersarlo” explica el coronel. Sin embargo, aunque los soldados que huían se consiguieron salvar, la unidad sufrió muchas pérdidas. “La columna de Cheif llego a Drius y los escuadrones del ‘Alcántara’ también, pero con más de 70 heridos y muertos. Eran las 11 de la mañana” explica Sanz y Calabria.
Media hora después salió una Sección a proteger el repliegue de la posición de Karra Midar, y después de comer, ya sobre las doce del mediodía salieron todos los escuadrones para cubrir la retirada de Tafersit y Azib de Midar, que eran hostigadas con abundante fuego de fusilería. El Regimiento cargó contra ellos dispersándolo y matando a algunos de ellos» sentencia el coronel.
 
Sin embargo, los problemas se empezaron a amontonar, ya que algunas columnas de soldados y vehículos tuvieron que enfrentarse al duro terreno rifeño en su huida, lo que provocó que el “Alcántara” tuviera que acudir en su ayuda. “En el rio Igan se quedaron atascados algunos vehículos que fueron tiroteados por los rebeldes” explica el coronel. Por ello, se ordenó a los jinetes proteger el camino de este convoy tras todas las cargas que ya habían realizado. “Era la una y media cuando el Alcántara montó de nuevo y partió” explica Sanz y Calabria.
Tras férreos combates, los jinetes llegaron con dificultades hasta el río, donde los vehículos (la mayoría ambulancias) habían sido destrozados y sus conductores asesinados. Tras conocer el destino de sus compañeros, los jinetes del “Alcántara” volvieron a protagonizar una nueva carga como venganza. Cada vez aumentaba más el número de bajas…
Sin embargo, tras esta victoria, la desesperación volvería a sacudir a los jinetes pues, mientras regresaban a Drius, vieron desde la lejanía como la ciudad estaba en llamas: los rifeños habían atacado y destruido aquello por lo que llevaban dos días luchando, la seguridad de los soldados españoles que se retiraban. Pero, a pesar de todo, su cometido aún no había tocado a su fin, pues una última columna de supervivientes de la ciudad asediada requería su protección hasta llegar a la zona de Monte Arruit.
Nuevamente el objetivo estaba claro, el problema surgió cuando los rifeños tomaron posiciones al otro lado del río Igán, lugar desde el cual atacaron la columna de soldados españoles. Finalmente, el regimiento de caballeros recibió la que sería la última orden de carga de ese día: Era necesario cruzar el cauce y acabar con los rebeldes para salvar la vida de los que se retiraban. “El Teniente Coronel Primo de Rivera sabía que esos puntos serían imposibles de franquear por la columna en el estado en el que estaba, y, ya bajo intenso fuego, ordenó el ataque a los rebeldes” explicaba el coronel. Así, y con una fuerza muy inferior en número a los marroquíes, los jinetes del Alcántara se lanzaron contra sus líneas. Sabían que probablemente morirían, pero eso no les detuvo.
 
Primo reunió a sus oficiales y les comentó en breve arenga: “La situación, como pueden ustedes ver, es crítica. Ha llegado el momento de sacrificarse por la patria, cumpliendo la sagrada misión del arma. Que cada cual ocupe su puesto y cumpla con su deber”. Montando en “Vendiamar” –un purasangre que tampoco sobreviviría a aquella jornada-, Primo de Rivera formó al regimiento en línea de s cuatro. Miró al trompeta de órdenes, un chaval de catorce años, y le dijo que se quedara en retaguardia porque él daría las órdenes de viva voz (el corneta, por supuesto, no le hizo ni caso). “Primero desenvainar los sables, luego avanzar al paso, al trote, preparados para la carga y, al fin, el definitivo carguen, la orden más terrible de todas, porque hay que vencer todo resto de instinto de supervivencia para cabalgar hacia la muerte” (Kiko Méndez-Monasterio: “Por el Valle de la Muerte Cabalgaron los 600”. “Alba”, 14 de Junio de 2.012, página 37).
Pero los rifeños no se amilanan y tras la primera carga hace falta otra… Y luego otra. Y otra más. Y otra… Hasta ocho veces mandó Primo de Rivera hincar espuelas contra los hombres de El Jatabi. Para entonces, ya se habían sumado a la carga –aunque nadie les obligaba a ello- los tres Alféreces veterinarios, el teniente médico y hasta el capellán y los 13 cornetas, niños en su mayoría, que quedarían todos en el campo de batalla. La última carga, con los caballos extenuados, es al paso. Muchos jinetes, ya sin montura, atacan a pie, corriendo… Y, finalmente, hacen huir al enemigo.
 
Al llegar al cuerpo a cuerpo, y ante la imposibilidad de usar sus Carabinas Mauser por falta de espacio, los jinetes se decidieron a combatir con su sable “Puerto Seguro”. La lucha fue sangrienta e, incluso, los miembros del Alcántara se vieron obligados en alguna ocasión a retirarse y reagruparse, pero sólo fue para cargar nuevamente contra el enemigo con mucho más ímpetu. Finalmente, no sólo lograron entretener a los rifeños, sino que les vencieron y les obligaron a huir. Eso sí, al final el combate la imagen era dantesca, de los casi 700 integrantes del Alcántara, el 80% habían caído y otro 12% más había sido capturado. El coste ha sido enorme (no se recordaba tal carnicería desde Rocroi): Al anochecer, cuando los supervivientes consiguieron llegar a la posición de El Batel, agotados, llenos de heridas, caminando entre las sombras con sus extenuados caballos cogidos de la brida, de los 691 únicamente quedaban en pie 67; de los 32 oficiales, sólo regresarían cuatro… La Laureada era más que merecida. De hecho, Primo de Rivera ya poseía una: Se la prendió de la bandera que cubría su ataúd el mismísimo Alfonso XIII.
Pero, no hay que olvidar que menos de mil jinetes consiguieron poner en jaque a todo un ejército enemigo…
 
Añadir leyenda
Tras 91 años, el “Alcántara” ha sido finalmente condecorado por su hazaña. Este innombrable acto de heroicidad provocó que la unidad fuera propuesta para la Cruz Laureada de San Fernando (en su categoría colectiva), la más preciada condecoración militar española. Pero, aunque esta petición se realizó en 1.929, el proceso se detuvo por razones desconocidas hasta hace pocos años. Al final, después de 91 años, la unidad recibió este reconocimiento de manos de Su Majestad el Rey 1 de Octubre de 2.012. De esta forma, la bandera del Regimiento de Caballería Acorazado “Alcántara” Nº 10 lucirá para siempre una corbata roja indicando que sus integrantes se sacrificaron en su día no sólo por España, sino por sus amigos y compañeros.
¿Cuántos soldados del “Alcántara” fallecieron en Annual?
El 22 de Julio de 1.921, el Regimiento tenía personal en distintos puestos. Unos estaban agregados a distintos cuerpos, otros en Melilla en destinos varios, otros en los fuertes de Cabrerizas y Rostrogordo (Melilla) y algunos más en hospitales o con licencia por enfermedad. Los que quedaban eran los que estaban ‘en el campo’, que era el grueso del Regimiento y que en la fecha dada eran 691, desde el Coronel al último soldado. Al acabar la retirada de Annual, incluyendo los sucesos de Zeluán, Zoco el Telatza y Monte Arruit, faltaron, entre muertos, heridos y prisioneros los siguientes: De 4 Jefes, 3 muertos y 1 herido. De 30 Oficiales, 21 muertos, 4 heridos y 4 prisioneros De 6 Suboficiales, 5 muertos, y 1 prisionero De 20 Sargentos, 18 heridos y 1 prisionero. De 14 herradores, 11 muertos y 2 prisioneros De 63 Cabos, 53 muertos y 6 prisioneros De 13 Trompetas, 13 muertos De 17 Soldados de 1ª, 14 muertos y 2 heridos De 524 Soldados de 2ª, 403 muertos y 53 prisioneros. En definitiva, de 691 efectivos del Regimiento, 541 muertos, 7 heridos y 67 prisioneros.
 
¿Por qué cargaron aun sabiendo que morirían?
Se consiguió que mandos y tropas formaran una entidad única, lo que debe ser una Unidad. Esa entidad estaba animada por unos valores e ideales que se vivían. Los escuadrones estaban permanentemente destacados, con sus mandos, en los que tenían confianza ciega, y sus Oficiales y Suboficiales querían y respetaban a su tropa. Su instrucción era excelente y su moral altísima. Así, con esos parámetros, es fácil entender que asuman que la vida militar puede llevar a la muerte, y que si viene no se le puede dar la espalda.
 
¿Por qué no se entregó antes la condecoración al “Alcántara”?
La Cruz Laureada de San Fernando exige un trámite arduo y difícil. Hay que realizar un juicio contradictorio en el que es necesario oír a todas las partes y testimonios. Además, las circunstancias finales del Regimiento y de la Comandancia General de Melilla al acabar la campaña del Desastre de Annual eran terribles, y la situación política de España también. Del Regimiento pocos había a quien interrogar después de la caída de Monte Arruit, pues muchos de los supervivientes eran prisioneros en Axdir, y el resto estaban muertos o heridos. Luego vino la disolución de la unidad y la Guerra Civil. A partir de 1.944 se refundó con muchos traslados, reorganizaciones, cambios de material y otras situaciones que no permitieron retomar el expediente. Así ha sido hasta 2.005, cuando se inició este nuevo proceso que ha culminado el 1 de Junio con la concesión.
 
Los supervivientes de las cargas del río Igán fueron los responsables de la defensa de la puerta principal de la posición de Monte Arruit, donde corrieron la misma suerte que el resto de los componentes de la guarnición, asesinados en su mayor parte, el 9 de Agosto. Por otro lado, ocho oficiales y 125 soldados de tropa participaron en la defensa de la Alcazaba de Zeluán, los cuales también murieron. Un oficial y 30 soldados de tropa se sumaron a los defensores del Aeródromo de Zeluán, que sucumbió a la vez que la Alcazaba. Los ocho soldados que había en Isafhén muriendo en su defensa. Y de la sección de Zoco El Telatza, tras realizar la protección de la fuerza que se encontraba en esta posición a zona francesa, tan sólo sobrevivieron 9.
El personal del Regimiento que se encontraba en la plaza de Melilla, participó en la defensa de ésta, y junto con los miembros de los escuadrones que se iban incorporando, organizaron dos escuadrones de sables que tomaron parte en las primeras acciones de reconquista en el mes de septiembre de ese mismo año. Finalmente, con el paso de los meses el Regimiento se volvió a completar con todos sus efectivos, participando en la reconquista de territorio, y posteriormente en su pacificación hasta el fin de la campaña en 1.926, permaneciendo en la zona del protectorado hasta 1.930, año en que se trasladó a Badajoz. Al año siguiente fue disuelto para recrearse otra vez en 1.944.
“A las cuatro de la tarde, aparte infinidad de escaramuzas parciales, los jinetes de Alcántara ya han tenido que dar su primera carga al galope contra una fuerte concentración enemiga. Pero es en el cruce del río Igán, que está seco y en torno al que se atrincheran miles de rifeños que hacen fuego graneado, donde la columna se arriesga a quedar cercada. Entonces, el teniente coronel les toca a sus hombres la única fibra que a esas alturas, con semejante panorama, cree que puede funcionar: “Si no lo hacemos, vuestras madres, vuestras mujeres, vuestras novias, dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos”. Y no lo fueron.
Siete veces cargó Alcántara monte arriba y sable en mano, reagrupándose tras cada carga, cada vez menos hombres, más heridos, exhaustos y sedientos jinetes y caballos, una y otra vez bajo la granizada de balas enemigas, entre las zarzas y parapetos rifeños, tan diezmados y agotados al final que la última carga, octava del día, hubo que darla con los caballos al paso, pues ya no podían ni trotar; y aún después se continuó ladera arriba, a pie, combatiendo al arma blanca.
Y al anochecer, cuando los supervivientes consiguieron llegar a la posición de El Batel, agotados, llenos de heridas, caminando entre las sombras con sus extenuados caballos cogidos de la brida, de los 691 hombres del regimiento sólo quedaban 67. Desde luego, aquel 23 de Julio de 1.921 los del regimiento Alcántara cumplieron con su teniente coronel. A ellos, ninguna madre, mujer o novia los llamó cobardes” 
 
(Arturo Pérez-Reverte: “La Laureada de Alcántara”. XLSemanal-18 de Junio de 2.012)
“Media legua, media legua,
Media legua ante ellos.
Por el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos.
“¡Adelante, Brigada Ligera!”
“¡Cargad sobre los cañones!”, dijo.
En el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos.
“¡Adelante, Brigada Ligera!”
¿Algún hombre desfallecido?
No, aunque los soldados supieran
Que era un desatino.
No estaban allí para replicar.
No estaban allí para razonar,
No estaban sino para vencer o morir.
En el valle de la Muerte
Cabalgaron los seiscientos.
Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones ante sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Cabalgaron con audacia,
Hacia las fauces de la Muerte,
Hacia la boca del Infierno
Cabalgaron los seiscientos.
Brillaron sus sables desnudos,
Destellaron al girar en el aire,
Para golpear a los artilleros,
Cargando contra un ejército,
Que asombró al mundo entero:
Zambulléndose en el humo de las baterías
Cruzaron las líneas;
Cosacos y rusos
Retrocedieron ante el tajo de los sables
Hechos añicos, se dispersaron.
Entonces regresaron, pero no
No los seiscientos.
Cañones a su derecha,
Cañones a su izquierda,
Cañones detrás de sí
Descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Mientras caballo y héroe caían,
Los que tan bien habían luchado
Entre las fauces de la Muerte
Volvieron de la boca del Infierno,
Todo lo que de ellos quedó,
Lo que quedó de los seiscientos.
¿Cuándo se marchita su gloria?
¡Oh qué carga tan valiente la suya!
Al mundo entero maravillaron.
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad a la Brigada Ligera,
A los nobles seiscientos!”
(Lord Alfred Tennyson)

Foro de Cultura de Defensa: “Por el Valle de la Muerte…”: La Carga del ALCÁNTARA.

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